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- 12 jul
- 5 min de lectura

Kostá Khetagúrov
Autor: Rubén Darío Flórez Arcila
El poeta de Osetia del Norte (Federación de Rusia) en el gran Cáucaso nació en un territorio, cuya extensión abarca valles inverosímiles en las alturas, praderas rodeadas de farallones imperturbables y montañas que parecen desafiar con sus precipicios, cañones y desfiladeros abruptos el equilibrio de la geografía; o seguramente este es precisamente el equilibrio sobrecogedor del Cáucaso que concentra los más altos picos europeos.
Las montañas que quitan el aliento se remansan en valles que en abril y mayo rebosan de prímulas salvajes, anémonas delicadas y de mayo a junio, las laderas, los bosques están repletos de azafrán y de tulipanes de los farallones. En verano hay un despliegue de amapolas rojas, de azaleas y rosas de nieve del Cáucaso.
Cuando el caminante avanza, de repente el precipicio que bordea el camino se abre a una superficie tachonada de bosques de espesas hayas y abedules de corteza blanca. Las empinadas laderas se transforman en extensos terraplenes pegados a los montes, donde aquí y allá se avistan los aúles o poblados rurales que reúne las familias, que han vivido allí desde hace siglos y que conservan su arraigo en costumbres, leyendas y lenguaje. El poeta y pintor Kostá Khetagúrov del pueblo de Osetia escuchó de su padre, un oficial del Imperio Ruso, y de su madre, allí en su pueblo natal, las primeras y definitivas historias que marcarían su vida de poeta, escritor y pintor.
En él, en su personalidad, en su imaginario más recóndito ocurrió una síntesis cognitiva única. Seguramente postularía estas preguntas que conjeturo como traductor en Bogotá de su poesía inolvidable.
¿Con qué arte haré decir a mi idioma lo que soy y lo que somos como osetios, cuánto será de la belleza y complejidad de mis dos tradiciones literarias y culturales en idioma osetio y en lengua rusa?
Si el idioma es al mismo tiempo espejo y alma, verdad existencial del sujeto y continente de las memorias colectivas, así como entrañable espacio lingüístico materno, Kostá Khetagúrov debió sentir que el idioma, sus dos idiomas eran una presencia tangible. Tan material y física como una cascada de estruendo y emoción en los misteriosos bosques del Cáucaso; como el perturbador instante de epifanía del niño sensible cuando siente con la llegada de la primavera que todos los sonidos de la naturaleza tienen un equivalente emocional y fónico en las palabras: Dios, cascada, río, familia, aúl, montaña, amor, lucha, destierro de la infancia y amor a la libertad.
En ese momento el idioma osetio adquirió para Kostá Khetagúrov el esplendor vital y lingüístico que decidió su destino de gran poeta. Este idioma es una lengua que evidencia el origen del pueblo osetio. Pertenece a la familia indoeuropea del grupo lingüístico iraní. Algunas peculiaridades lingüísticas arrojan una luz sobre el carácter y el temperamento de este pueblo.
Los sustantivos pueden tener la función de adjetivos como si la sustancia no fuera externa o episódica de su naturaleza: “muchacho hombre”, semejante al habla coloquial colombiana cuando decimos “niña mujer”, o “maíz chócolo”. El nombre de ciertos colores en idioma osetio puede reunir en un solo nombre tres colores. Se utiliza un solo nombre para designar el verde, el azul y el gris. Se debe posiblemente al hecho que con belleza describe Kostá Khetagúrov en uno de sus poemas: las cambiantes tonalidades cromáticas de las neblinas entre los bosques de las montañas de Osetia.
La literatura de Rusia también influyó en su predestinación de escritor. Kostá Khetagúrov no pudo dejar de ver en la vida de Lérmontov, poeta de Rusia (muerto trágicamente a temprana edad en un duelo), que el destino se decide por el léxico vital de un lenguaje poético.
Kostá Khetagúrov mantuvo toda su vida una relación amorosa y de comunicación con la gran literatura rusa del siglo XIX. Algunos de sus autores tuvieron en el Cáucaso la experiencia de convivir con pueblos de carácter indómito, herederos orgullosos de antiguos orígenes y hablantes de hermosos idiomas, cuyos aúles desafían el tiempo, la geografía y los avatares de la historia.
Este encuentro cultural permitió el diálogo entre Kostá Khetagúrov y la literatura de Rusia. Ocurrió en el Cáucaso, en un mundo con orígenes en tiempos remotos y míticos, con rigurosos códigos de honor. Para los que son fundamentales el valor, el orgullo, la dignidad, la hospitalidad, la religión y el canto que vive en sus “acordes” (palabra entrañable para el poeta).
Lérmontov, el poeta ruso, oficial del ejército del zar (muerto en un duelo a la manera de Pushkin unos años antes), fue un hermano de espíritu para Kostá Khetagúrov. He escrito antes que el Cáucaso, la hermosa tierra de Osetia, situada en el norte del Cáucaso y atravesada por cuatro crestas montañosas: la lateral, la de los farallones, la de los pastales y la boscosa, fue mucho más que una experiencia de deslumbramiento exótico de un territorio distinto de la extensa estepa de Rusia. Para Lérmontov, que prestaba su servicio de oficial en el Cáucaso, esta tierra de contrastes lingüísticos, geográficos y humanos, fue el territorio donde una belleza de otro orden lo impactó como poeta y ser humano.
Kostá Khetagúrov a los tan solo 45 años dejó una profunda huella en la cultura de Osetia y del Cáucaso. Es considerado nada más ni nada menos que el fundador de la literatura de Osetia. Su vida estuvo marcada por tragedias familiares. Nació en abril de 1859 en Nar, otro de los empinados aúles de su tierra. Quedó huérfano de madre muy pronto y su mejor amigo, el padre con quien mantuvo una relación de complicidad emocional, falleció siendo Khetagúrov muy joven. A los 22 años ganó el concurso de ingreso a la prestigiosa Academia Imperial de Bellas Artes de San Petersburgo, pero debió renunciar a terminar la carrera de pintor pues no pudo seguir financiando sus estudios. Regresó al Cáucaso, a Vladikavkaz, la ciudad que marcó su vida para siempre. Allí fue pintor, director de teatro, poeta, periodista y animador de la vida cultural de la ciudad.
En el año de 1891 fue desterrado de la ciudad, por impulsar la divulgación de una carta firmada por destacados personajes de la ciudad, que pedían la reapertura del único gimnasio para muchachas que había sido cerrado por decisión de las autoridades. La solicitud logró derogar la medida, pero Kostá Khetagúrov fue obligado a abandonar la ciudad por ser considerado un revoltoso que perturbaba el orden público.
Esta etapa de su vida y el consiguiente destierro está reflejado en muchos de sus versos incluidos en esta selección que he realizado para los lectores en Colombia y en América Latina. En el exilio en Karachái, el poeta escribiría poemas de gran belleza lírica, incluidos también en esta selección. Permaneció casi tres años condenado al exilio por su condición de revoltoso. Se suaviza su condena. Se marcha a la ciudad de Stavrópol y allí se convierte en el dinamizador de la vida cultural de la ciudad. Organiza eventos literarios, un concierto en homenaje al compositor y músico Piotr Chaikovski, cuyo retrato pintó Kostá Khetagúrov. Su fama se extendió en el Cáucaso. Con el prestigio de escritor y periodista es nombrado editor de la Gaceta del Cáucaso del Norte. Por sus actividades de periodista y redactor de artículos muy críticos del zarismo, de nuevo es condenado al exilio en la ciudad de Jersón.
Estos años son años de florecimiento de su talento poético. Sus temas son el amor, la soledad, la angustia de saberse lejos de sus lugares más entrañables, la belleza del Cáucaso descrita con el arte verbal del poeta y la sensibilidad del pintor que traslada a la música del verso su don de observador del mundo. Su idioma posee un laconismo excepcional y una belleza aforística. Estos años de creación a finales y comienzos del siglo XIX y XX son también los del deterioro de su salud. Muere de tuberculosis el 1 de abril de 1906. Las montañas del Cáucaso tienen la belleza de los claroscuros de un lienzo de Khetagúrov, su poesía nos conmueve como la belleza misteriosa y esencial de las montañas. Su palabra poética, al ser leída, conmueve por la calidad genuina de su espíritu poético.



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