NUESTRA NOVEDAD
- POKLONKA

- 12 may
- 3 Min. de lectura
MAXIM GORKI Y AUGUSTO VIDAL ROGET, ESCRITOR Y SU TRADUCTOR

Dedicamos esta edición a dos personalidades de letras rusas y españolas. En primer lugar, a Maxim Gorki, la indiscutible figura cumbre de la literatura rusa, un fiel discípulo y sucesor del realismo crítico, quien llegó a preservar la tradición de los autores clásicos como León Tolstói y Antón Chéjov. Fue el centro de la vida pública de su país durante más de medio siglo, un referente de los intelectuales de su época y posteriores, y, marcado por sus orígenes humildes, se convirtió más tarde en ídolo de la élite soviética. Lo cierto es que desde niño, experimentó las vicisitudes de una existencia humilde, la pobreza y la vagancia, convirtiéndose en un símbolo de la gente honesta en Rusia a finales del siglo XIX y principios del XX.
Gorki también es un imperecedero fenómeno global; sin embargo, a pesar de ser nominado cinco veces al Premio Nobel de Literatura, no lo recibió por razones políticas y el rechazo a su ideología, sumados al estigma de ser fundador del realismo socialista, lo cual, en parte, desmienten los relatos de esta colección. Por lo tanto, para evaluar con precisión la magnitud de este escritor y su obra en el contexto temporal, se amerita su relectura profunda y fundamental y el análisis de las razones que lo llevaron, como persona y como creador, a negar o justificar las realidades de las que fue contemporáneo.
Pese a su inmensa fama, tanto antes como después de la revolución, se sabe muy poco sobre Maxim Gorki. En todo caso, su vida fue extraordinaria: se declaró un rebelde temerario y pensador oscuro, un vagabundo provinciano que ni siquiera había asistido a la escuela, y aun así, a los escasos veinte años comenzó a publicar sus primeras obras, una tras otra, que revelaban la mano de un maestro, convirtiéndose de inmediato en un clásico viviente. Tanto sus amigos como los enemigos intentaron descifrar el fenómeno del escritor y de su fama. Pero Gorki fue un enigma incluso para sí mismo. No es casual que, en vísperas de su fallido suicidio, el futuro escritor dejara una nota en la que, entre broma y seriedad, escribía: "Pido que mis restos sean diseccionados y examinados para descubrir qué demonio habitaba en mí".
Igualmente, queremos resaltar en este libro el trabajo del traductor: Augusto Vidal Roget, quien gracias a su talento y el dominio de los idiomas emisor y receptor, vertió al español la obras de grandes clásicos rusos y entre ellos, las de Maxim Gorki. Junto con otros traductores del exilio, formó parte del Grupo de Moscú y tras su regreso a España, desarrolló una fructífera labor de traducción y promoción de la literatura rusa, incluyendo a algunos autores soviéticos, hasta entonces prohibidos por el régimen franquista. Su trabajo representó una evolución estilística por el cuidadoso trato del original y el profesionalismo en la recreación del ambiente, conocimiento de juegos de palabras y giros fraseológicos.
Merece una mención especial la excepcional habilidad del traductor para transmitir el simbolismo del medio natural de Gorki: las imágenes del mar y las tormentas, la estepa y la exuberante vegetación, todo ello profundamente compenetrado con los destinos y la identidad de los personajes, su espiritualidad romántica, impulsos rebeldes, sed de superación y anhelos de lo imposible; es lo que impregna las primeras obras del escritor, lo que las tiñe de resplandor polícromo. El paisajismo del traductor en este caso es equiparable con el del autor, lo cual se da raras veces en traducciones literarias. Para conservar el matiz único y asegurar su continuidad como gran enseñanza para jóvenes traductores, por respeto a su gran labor, decidimos no alterar el lenguaje original de Augusto Vidal, o sea, su castellano peninsular (ya que Poklonka está pensada para lectores latinoamericanos como su objetivo fundametal), y dejar algunas palabras, propias de los años 60 del siglo pasado, que ya han caído en desuso.




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