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EVENTOS IMPORTANTES. Moscú, octubre de 2025. XVII Asamblea de Russkyi Mir


La historia ha demostrado una y otra vez: сuando las personas se unen en torno a una lengua, una cultura y la responsabilidad por un futuro compartido, nacen grandes ideas, soluciones innovadoras, un sentido de identidad colectiva y colaboración más profunda para afrontar los desafíos comunes. Con estas palabras se inauguró hace más de un mes y medio, el 20 de octubre, la XVII Asamblea de Russkyi Mir que acogió en Moscú a los representantes de más de cien países del mundo. Entre los invitados estaba yo (un gran honor y privilegio para mí), junto con otros portadores del espíritu de pertenencia a la comunidad rusófona, reunidos todos para participar en los debates sobre el papel histórico de mi país y la “Contribución fundamental del mundo ruso al desarrollo global: historia,  modernidad y futuro”, que fue el tema planteado para este trascendental evento. Los presentes -especialistas en diversos ámbitos: profesores de ruso y literatura, traductores, lingüistas y figuras públicas, así como profesionales de los medios de comunicación y miembros del clero interesados en desarrollar la cooperación humanitaria con Rusia- escuchamos con gran atención los saludos de bienvenida del Presidente y del ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, quienes destacaron la prioridad de apoyar la enseñanza del idioma ruso como código esencial, cultural y espiritual de la nación e instrumento clave en la promoción de la literatura y la cultura rusas en el exterior.

De las numerosas intervenciones de apertura me atrajo especial atención el discurso del director de cine Karén Shakhnazárov por varias razones: en primer lugar, porque la Asamblea se celebró en el Consorcio Cinematográfico Mosfilm; segundo, en la copiosa programación cultural se nos ofreció una visita guiada por los pabellones del estudio, por enormes naves y sets donde se han creado miles de obras maestras cinematográficas, muchas de las cuales han entrado merecidamente en la historia del cine mundial; tercero, porque en uno de ellos se exponen el vestuario, maquetas y piezas históricas usadas para ambientar la película “Jitrovka” que había visto meses antes en la inauguración del Festival de Cine de Bogotá; finalmente, porque es mi director preferido por lo que dice y hace. Como señaló Shakhnazárov, el mundo ruso es un concepto universal que abarca a personas de distintas nacionalidades, por eso resulta simbólico que Aleksandr Pushkin, el creador del idioma ruso moderno, fuera alemán por parte de su abuela y etíope por parte de su abuelo y Vladímir Dahl, el creador del diccionario explicativo del idioma ruso, fuera danés, lo cual no les impidió convertirse en una parte vital de nuestro mundo. Por cierto, el cine puso un marcado toque artístico a las presentaciones durante las plenarias, mesas redondas y plataformas de discusión. Un verdadero deleite para el público fue el popurrí de legendarias películas soviéticas basadas en obras de clásicos rusos, como “Mi dulce y tierna bestia” (¡la traduje al español aquí en Bogotá hace tantos años!), “La ventisca” y otras, entre ellas, una de dibujos animados, dedicada a un piloto de origen armenio, quien durante la Gran Guerra Patria, por su hazaña, fue condecorado con la Estrella de Oro de Héroe de la URSS. Para acompañar la proyección subieron al escenario e interpretaron la banda sonora los estudiantes del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, procedentes de Rumania, Escocia, Japón, Mongolia, China, Hungría y Bolivia. Y para concluir mis gratas memorias, algo que me causó mucha alegría: la celebración del natalicio de Serguéi Esenin -y la triste conmemoración de su muerte- , con un documental sobre el museo del gran poeta ruso en Konstantínovo. Es que, además de ser admiradora de su obra, yo tenía preparada una pequeña presentación sobre la influencia “eseniana” en el poeta chileno Jorge Teillier, todo ello como parte del proyecto de edición bilingüe de Poklonka Editores.


Inteligencia artificial vs. traducción humana: la batalla acaba de comenzar

Al día siguiente de la Asamblea, el 21 de octubre, los traductores formamos un grupo aparte del resto de los asistentes al evento para participar en una sesión cuyo planteamiento de base sonaba muy atractivo y prometedor para todos nosotros: “Traducción humana o inteligencia artificial: ventajas y desventajas, áreas de aplicación”. El sitio mismo que acogió esta reunión -la Escuela de Posgrado de Traducción e Interpretación de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú- infunde mucho respeto por la muy bien merecida fama que se han granjeado los traductores rusos.  Por lo tanto era de esperar que fuera sumamente enriquecedor el debate entre académicos y traductores e intérpretes en ejercicio de todo el mundo sobre cómo las nuevas tecnologías están transformando nuestra profesión y dónde se encuentra la frontera entre las capacidades de las máquinas y la creatividad humana.

La sesión fue inaugurada por el director de la Escuela, el catedrático Nikolái Garbovsky, quien planteó el dilema clave: “Hoy queremos analizar la traducción desde dos perspectivas: como un arte del intelecto humano y como una tecnología que incluye la inteligencia artificial”. El primer ponente, traductor y Doctor en Filología Sergéi Ushakov expuso un caso práctico concreto. En el verano de 2025, se hizo cargo de la tarea de traducir al inglés un extenso informe sobre el desarrollo sostenible del Distrito Autónomo de Yamalo-Nenetsia. Para ahorrar tiempo, experimentó con tres sistemas de traducción automática: Yandex.Translate, Google Translate y DeepSeek. Los resultados, según afirmaba Serguéi, fueron dispares: “El ahorro de tiempo no superó el 20-25%, no el doble ni el triple, como a veces se promete”, señaló también. El problema residía en que la edición exhaustiva de la traducción automática requería tanto tiempo como el que habría requerido hacerla sin este recurso, pues tuvieron lugar serias dificultades: distorsiones semánticas, pérdidas de fragmentos de texto, cambios de formato caóticos y variaciones aleatorias en la traducción de términos clave, inaceptables en un documento oficial. La conclusión de esta intervención fue apenas lógica: “La inteligencia artificial aún no puede reemplazar a los traductores humanos, debido a las fallas de su estructura fundamental”, sumándole el peligro de las así llamadas “alucinaciones”, cuando la IA genera información convincente pero falsa, incluso complementándola con citas y referencias ficticias.

Luego compartió sus experiencias un colega de Hungría quien previno contra el uso indiscriminado y sin cuidadosa supervisión de los traductores electrónicos en redes sociales; la representante de Irán destacó las barreras culturales y lingüísticas entre el idioma persa y el ruso que pueden conducir a distorsiones de significado y confusión de términos en traducciones jurídicas, con graves consecuencias que pueden tener. Y hasta yo levanté la mano para aportar un ejemplo curioso y divertido de mi práctica como traductora oficial de los programas de medicina. Sin embargo, dije en aquella ocasión (y lo sostengo) que la IA puede ser útil, aun para traductores literarios, en la búsqueda de sinónimos, información etimológica, referencias históricas y otras fuentes secundarias para evitar errores de comprensión, bastante recurrentes en los textos que he tenido la oportunidad de revisar.

La segunda parte del debate se centró en el aspecto creativo de la profesión. Aleksandr Nítzberg, traductor de literatura rusa al alemán y profesor de la Universidad Estatal de Moscú, pronunció un discurso conmovedor en el que cuestionó la posibilidad misma de utilizar la IA en la traducción literaria. “Cuando traducimos una obra de ficción, no traducimos el significado. Su significado va mucho más allá de la semántica”, afirmó el eminente profesor y recurrió a una metáfora para sustentar lo dicho: el original es un “canal” creado por el autor, y el traductor lo llena con el “agua viva” del significado que nace de la lectura. En su opinión, la creación (o recreación, que es como se entiende la traducción) es una actividad puramente humana, asociada a un enfoque cuidadoso del material, similar a cómo un artista aplica pintura sobre un lienzo. “Una máquina no puede ser humana en principio, pues no tiene ni puede tener inteligencia. Y esto no es inteligencia artificial; simplemente no es inteligencia”, concluyó e hizo énfasis en que la IA solo es peligrosa en aquellos ámbitos donde las personas se han convertido en “máquinas” que operan según un modelo determinado.


A pesar de que no podemos menos que darle la razón al profesor Nítzberg, deberíamos cuidarnos de ser tan tajantes y, tal vez, admitir otras opiniones al respecto. Así, el catedrático egipcio predijo que en 10-15 años, el 90% de los problemas actuales de la IA estarán resueltos, y la inteligencia artificial desempeñará un papel decisivo incluso en la traducción literaria. Por lo tanto, en su opinión, el sistema educativo necesita una reestructuración con el propósito de preparar a los estudiantes para el trabajo con nuevas tecnologías.

Si conciliamos todas las opiniones, enfocar la inteligencia articial desde la perspectiva de colaboración mas no sustitución significa estar en sintonía con los tiempos modernos y responder a sus desafíos. Este debate demostró, en particular, que la profesión de traductores e intérpretes se encuentra en un punto de inflexión. No se debe rechazar del todo una poderosa herramienta que ayuda a agilizar el trabajo rutinario, así sea un poco, aunque no puede reemplazar aún a los humanos en tareas que requieran un profundo conocimiento del contexto, creatividad y sensibilidad cultural. Como resumió Nikolái Garbovsky, el reto clave es formar nuevos traductores que no teman a la tecnología, sino que sean capaces de aprovecharla, sin dejar de ser creadores en lugar de aceptar textos traducidos por máquinas.

Durante los tres días del congreso, solo asistí a los eventos que mejor se alineaban con mis intereses personales y profesionales y, lamentablemente, descuidé otras actividades no menos importantes para todo rusista o eslavista. Es porque la programación de la Asamblea incluía numerosos encuentros y charlas en distintos lugares de la ciudad, tales como el Instituto Pushkin, el Instituto Ruso de Arte Teatral GITIS, la Biblioteca de Literatura Extranjera, por eso tomé la prudente decisión de escoger solo aquellos que respondieran a mis propósitos y de esta manera sacar el máximo provecho de mi viaje a Moscú. Aun así lamento no haber escuchado a Rubén Darío Flórez ni al maestro Aleksandr Sokolov, rector del Conservatorio Chaikovski de Moscú, aunque gracias a la tecnología moderna hay formas de recuperar los temas tratados por ellos: “La diplomacia viva del arte” y “Rusia y Colombia: expresión artística en el diálogo entre ambos países”.

Así, en el encuentro con Rubén, quien es una figura destacada de la cultura latinoamericana contemporánea y uno de los más destacados traductores de poesía rusa al español (además de ser presidente del Instituto Cultural León Tolstói en Bogotá), se abordó el papel especial de la literatura y la traducción literaria en el desarrollo de la cooperación ruso-colombiana que alcanzó un hito muy importante: el nonagésimo aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países que se ha celebrado en 2025. Es que los vínculos literarios entre Rusia y Colombia son de vieja data. El gran poeta colombiano del siglo XIX, José Asunción Silva, publicó un artículo sobre León Tolstói y su monumental obra Guerra y paz en 1896; por otro lado, la novela clásica de José Eustasio Rivera, La vorágine, fue traducida al ruso en 1934. Rubén mismo, traductor de Aleksandr Pushkin -¡recuerden este título: El habitante del otoño!-, también es creador y presentador de programas sobre literatura rusa en la Radio Nacional de Colombia. Por su importante contribución a la difusión de la rusística, fue condecorado con la Orden de la Amistad en 2010, mientras que el instituto que dirige ha firmado un convenio de cooperación con la Fundación Russkiy Mir.

Una faceta muy importante de la Asamblea fue la comunicación con los colegas que han venido de todo el mundo, el reencuentro con los amigos de siempre y la ocasión para conocer amigos nuevos.

Alejandro Ariel González, sociólogo y traductor galardonado con el premio ReadRussia, miembro del Consejo de Directores de la Sociedad Dostoevsky; Rafael Guzmán Tirado, catedrático de Filología Eslava en la Universidad de Granada; Oksana Kiyán, profesora de la Casa Rusa en Lima; Anier López Pérez, decano de la Facultad de Idiomas de la Universidad de La Habana, y mi persona, Irina Luna, traductora oficial y cofundadora de la editorial colombiana independiente Poklonka Editores.


Es imposible sobreestimar los beneficios de la XVII Asamblea para todos nosotros que fue una magnífica oportunidad para compartir experiencias propias y aprender de las ajenas. La enriquecedora energía positiva que me transmitieron los organizadores y los invitados perdurará mucho tiempo. ¿Dónde más podemos sumergirnos en esta atmósfera de profesionalismo, creatividad y compromiso para perseguir una meta a pesar de todos los obstáculos? Y, sobre todo, sentir la utilidad de lo que estamos haciendo.

 
 
 

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