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TRES VIDAS DEL ESCRITOR ALEXANDR BELIÁEV


Tomado de Naúka y Zhizn (Ciencia y Vida)

Nelly KRAVKLIS, escritora e historiadora etnógrafa, Mijaíl LEVITIN, miembro de la Unión de Periodistas de Rusia, historiador etnógrafo

Este año, el pasado 16 de marzo celebramos el 140 aniversario del natalicio de Alexandr Románovich Beliáev, un escritor de ciencia ficción soviético y uno de los fundadores de este género literario que obtuvo reconocimiento mundial. Mucho se ha escrito sobre este excepcional personaje, pero los años de su vida en la ciudad de Smolensk, donde nació y creció, no se han descrito en detalle como debería ser para entender mejor su obra. Además, en los textos conocidos se repiten los mismos errores que son fáciles de corregir con base en los materiales de archivo.

Alexandr Beliáev nació en 1884, en el seno de una familia ortodoxa formada por el sacerdote Román Petrovich Beliáev y su esposa Nadezhda Vasílievna. En total, la familia tuvo tres hijos: Vasily, Alexandr y Nina.

Los padres de Alexandr eran personas profundamente religiosas. Pero los intereses de Sasha -hipocorístico de Alexandr en ruso- desde la primera infancia se enforcaban en temas completamente diferentes: él y su hermano se sentían fascinados por los viajes y extraordinarias aventuras, inspiradas por la lectura de su amado Julio Verne.

"Mi hermano y yo -recordaba Alexandr Románovich- decidimos viajar al centro de la Tierra. Movimos mesas, sillas, camas, las cubrimos con mantas y sábanas, nos abastecimos de una lámpara de aceite y nos adentramos en las misteriosas entrañas de la Tierra. E inmediatamente desaparecieron las prosaicas mesas y sillas. Sólo vimos cuevas y abismos, rocas y cascadas subterráneas tal como las representan las maravillosas imágenes: espeluznantes y al mismo tiempo algo acogedoras. Y mi corazón se hundió ante este dulce horror. Más tarde llegó la lectura de Herbert Wells con las pesadillas de “La guerra de los mundos”, que no representaba este mundo tan acogedor …”.

No es difícil imaginar la impresión que causó al niño el hecho ocurrido el 6 de julio de 1893: en el jardín Lopátinsky, un globo aerostático, con una gimnasta sentada en un trapecio, se elevó a la altura de un kilómetro. Cuando la joven saltó al vacío, los espectadores no pudieron contener las voces de horror. Sin embargo, sobre ella se abrió un paracaídas y la gimnasta aterrizó sana y salva.

Aquel episodio sorprendió tanto a Sasha que inmediatamente decidió experimentar la sensación de volar y para ello saltó desde el techo con un paraguas en las manos y luego en un paracaídas hecho con una sábana. Ambos intentos le dejaron unos hematomas muy sensibles y nada más. Aun así, Beliáev sí logró hacer realidad su sueño: su última novela "Ariel" cuenta la historia de un muchacho que puede volar como un pájaro.


Pronto se acabó el tiempo de pasatiempos sin preocupaciones. Por voluntad de su padre, el niño fue enviado a una escuela religiosa, según se piensa, a la edad de seis años. Pero eso no es cierto. Los archivos dan testimonio de que ingresó en la institución a los 10 años.

Las clases eran fáciles para él y unos años después, sin ningún problema se le concedió el traslado al primer grado del seminario.

Fue entonces cuando Alexandr Beliáev se convirtió en seminarista, a la edad de 14 años. El Seminario Teológico de Smolensk ya llevaba 190 años desde su fundación en 1728 por el ex rector de la Academia Teológica de Moscú, el obispo Gideon, un hombre muy erudito y estricto. Impartían clases los profesores altamente capacitados, invitados de Kíev; era obligatorio aprender el latín, griego antiguo y polaco.

En el seminario, Beliáev no solo era famoso por sus éxitos en los estudios, sino también por sus "intervenciones en veladas poéticas y lectura de poemas". Es que el Seminario de Smolensk organizaba representaciones espectaculares de contenido espiritual (llamadas “misterios”) para los habitantes de la ciudad con el fin de fortalecer en ellos los principios morales y religiosos, la lealtad a la fe ortodoxa y al trono del Emperador de Toda Rusia, y el futuro escritor era su constante participante.

Después de graduarse del seminario, contrariamente a los deseos de su padre que veía a su hijo como su sucesor, Alejandro ingresó en el Liceo Demídovsky de Yaroslavl, creado en 1809 por iniciativa y a expensas de P. G. Demídov; esta institución educativa se reorganizó más adelante en un liceo de jurisprudencia con derechos universitarios, de modo que Alexandr recibió la formación en Derecho que complementó con la educación musical en la clase de violín.

La repentina muerte de su padre en 1905 dejó a su familia sin recursos para vivir, por lo tanto, para conseguir dinero y pagar sus estudios, Alexandr daba clases, pintaba escenografías para el teatro y tocaba el violín en la orquesta del Circo Truzzi. Pero las desgracias nunca vienen solas: se ahogó en el Dnieper su hermano Vasily y luego murió su hermanita Nínochka. Alexandr se convirtió en el único protector y apoyo de su madre, por lo que después de graduarse del Liceo (1908) regresó de Yaroslavl a Smolensk.

Se sabe que en 1909 trabajó como asistente de un abogado jurado. Pero el espíritu artístico y la creatividad de Alexandr Románovich buscaba una salida, por eso se convirtió en un participante activo en la Sociedad de Amantes de las Bellas Artes de Smolensk, donde dio conferencias; luego, en miembro de la junta directiva del Club de Entretenimiento Público de Smolensk y miembro de la junta directiva de la Sociedad Sinfónica. Durante los meses de verano, las compañías de teatro solían realizar giras por Smolensk y Beliáev escribió reseñas en el “Smolensky Vestnik” de casi todas las actuaciones celebradas en el Jardín Lopátinsky, actuó como crítico musical, publicó folletines humorísticos sobre los temas del día. Firmaba sus escritos con el seudónimo de "B-la-f".

Cualquiera que haya leído sus obras sabe cómo reaccionaba el escritor ante la injusticia. Esta cualidad se manifestó en los primeros años de su vida independiente y fue la razón por la que en 1909 Alexandr Beliáev cayó bajo vigilancia policial. La información se encuentra en el expediente del gendarme "Diario de vigilancia exterior, informes sobre la organización del Partido Socialista Revolucionario en Smolensk". El caso Beliáev comenzó el 30 de diciembre de 1908. El informe del coronel N. G. Ivanenko del 10 de noviembre de 1909 presenta una lista de personas que pertenecían a la organización local, encabezada por un tal Karelin, que también contiene el apellido de Alexandr Románovich Beliáev: “...abogado adjunto, 32 años (de hecho, tenía 25 años. - Nota del autor), apodo ˊVivoˋ (debe ser por su carácter)". El informe afirma que las instalaciones de los sospechosos fueron requisadas el 2 de noviembre de 1909. El ˊVivoˋ aparece en el diario de la policía secreta hasta el final del seguimiento (19 de enero de 1910).

Varios números del “Smolensky Vestnik” (de los mismos años) dan cuenta de varios juicios realizados por A. Beliáev como asistente del abogado jurado. Pero uno de ellos, fechado el 23 de octubre de 1909, es de particular interés, ya que Beliáev actuó como defensor en el juicio contra el líder del Partido Socialista Revolucionario. Como informa el periódico, "... V. Karelin, arrestado hace un mes, fue liberado de la prisión de Smolensk", lo cual bien puede considerarse una prueba del éxito con el que Alexandr Románovich sustentó la defensa. En 1911, Beliáev ganó un importante caso judicial en pro del comerciante de madera Skundin, por el que recibió una considerable suma de honorarios. Esta cantidad la reservó para su viaje a Europa que tenía planeado de tiempo atrás. Solo dos años después el escritor pudo realizar el viaje soñado.

En su autobiografía sobre los propósitos de este viaje, el escritor anotó: “Estudié historia, arte, fui a Italia a estudiar el Renacimiento. He estado en Suiza, Alemania, Austria y el sur de Francia”. El viaje se convirtió en una fuente inestimable de la que el escritor extrajo las impresiones que necesitaría hasta el final de sus días. Después de todo, la mayoría de sus novelas transcurren “en el exterior”. Y el primer viaje resultó ser el único.

Beliáev no fue un turista ocioso, sino un incansable explorador. En la nota biográfica de las obras recopiladas en nueve volúmenes del escritor, se da confirmación de esto: “En 1913, no había tantos temerarios que volaran en aviones Blériot y Farman: “estanterías” y “ataúdes”, como los llamaban entonces. En cambio, Beliáev, durante su permanencia en Ventimiglia, Italia, sí voló en un hidroavión”.

Aquí hay un fragmento con la descripción de este vuelo: “El mar debajo de nosotros se está hundiendo cada vez más. Las casas que rodean la bahía no parecen blancas, sino rojas, porque desde arriba sólo vemos tejados rojos. El oleaje se extiende como un hilo blanco a lo largo de la orilla. Aquí está el Cabo Martín. El aviador hace un gesto con la mano, miramos en la dirección que indica, y la costa de la Riviera se abre ante nosotros, como en un panorama”.

Beliáev transmitiría luego sus sentimientos en el cuento “El hombre que no duerme”: “Una especie de río aparece a lo lejos. La ciudad se encuentra en las altas colinas costeras. En la margen derecha, la ciudad se ve rodeada por las antiguas almenas del Kremlin con altas torres. Una enorme catedral de cinco cúpulas reina sobre toda la ciudad. "¡Dniéper!... ¡Smolensk!... El avión sobrevuela el bosque y aterriza suavemente en un buen aeródromo".  

Durante el viaje a Italia, Beliáev escaló el Vesubio y publicó un ensayo sobre el ascenso en el “Smolensky Vestnik”. En este escrito ya se siente la firme pluma no solo de un periodista talentoso, sino también de un brillante escritor futuro: “De repente, empezaron a aparecer arbustos y nos encontramos frente a todo un mar de lava negra helada. Los caballos roncaron, arrastraron los pies y decidieron pisar la lava, como si fuera agua. Finalmente, nerviosos, a saltos, los caballos treparon a la lava y caminaron a paso tranquilo. La lava crujía y se rompía bajo las patas de los caballos. El sol se ponía. Abajo, la bahía ya estaba cubierta por una bruma azulada. Caía una tarde breve y apacible. En la montaña, el sol arrebató varias casas de la oscuridad que las invadía y quedaron como calentadas por el fuego interno del cráter. Se sentía la proximidad de la cima... El Vesubio es un símbolo, el dios del sur de Italia. Sólo aquí, sentado sobre esta lava negra, bajo la cual hierve un fuego mortal en algún lugar debajo, se hace evidente la deificación de las fuerzas de la naturaleza que reinan sobre el pequeño hombre, tan indefenso, a pesar de todas las conquistas de la cultura, como lo era hace miles de años en la floreciente Pompeya."

En el cráter del gigante que escupe fuego “... todo se llenó de vapor acre y asfixiante. O yacía a lo largo de los bordes negros e irregulares del respiradero, corroído por la humedad y las cenizas, o volaba en una bola blanca, como si saliera de la chimenea gigante de una locomotora de vapor. Y en ese momento, en algún lugar muy abajo, la oscuridad se iluminó, como por el resplandor lejano del incendio…”.

El talento para escribir de Alexandr Románovich se manifiesta no solo en las descripciones de los fenómenos naturales, sino que también comprende a las personas con sus contradicciones: “¡Estos italianos son un pueblo increíble! Saben combinar el descuido con una profunda comprensión de la belleza, la codicia con la bondad, las pequeñas pasiones con un impulso del alma verdaderamente grande”.

Todo lo que vio, refractado a través del prisma de su percepción, el escritor lo reflejaría posteriormente en sus obras.

Probablemente se pueda argumentar que el viaje le ayudó a decidirse finalmente por su profesión. En 1913-1915, después de dejar el colegio de abogados, Alexandr Románovich trabajó en la redacción del “Smolensky Vestnik”, primero como secretario y luego como editor. Hoy en día, hay una placa conmemorativa instalada en el edificio donde se encontraba la redacción.

Faltaba por realizarse sólo su interés por el teatro. Desde pequeño organizó actuaciones en casa, en las que fue artista, guionista y director, interpretando cualquier papel, incluso los de mujeres. Se transformaba al instante. Muy pronto la gente se enteró de su teatro y comenzó a invitarlo a presentar actuaciones en casa de amigos. En 1913, Beliáev, junto con la bella violonchelista de Smolensk, Yu. N. Sabúrova, puso en escena la ópera basada en el cuento de hadas "La princesa durmiente". Según sus contemporáneos, el gran éxito de la obra "se debe a la energía incansable, la actitud amorosa y la comprensión sutil de los directores del montaje, Yu. N. Saburova y A. R. Beliáev, quienes asumieron una grandiosa tarea de montar una ópera, así sea para niños, utilizando únicamente los recursos de una institución educativa".

Un habitante de Smolensk escribió sobre esta faceta de la naturaleza creativa de Alexandr Románovich en sus memorias: “La encantadora imagen de A. R. Beliáev se apoderó de mi alma desde el momento en que nos ayudó a nosotros, estudiantes del gimnasio para varones, a montar, junto con las estudiantes del gimnasio para mujeres, en una de nuestras veladas estudiantiles la maravillosa fantasía "Tres años, tres días, tres minutitos". Tomando como base el núcleo de la trama de un cuento de hadas, A. R. Beliáev, como director de escena, logró pulirlo con maestría, enriquecerlo con muchas escenas introductorias interesantes, llenarlo de colores brillantes, saturarlo con música y canto. ¡Su imaginación no tenía límites! Incorporó orgánicamente al tejido del cuento los comentarios ingeniosos, los diálogos, las escenas de multitudes, los números corales y coreográficos que inventó <... > Su talento era magnífico. Tenía buena apariencia, un alto nivel de cultura del habla, gran musicalidad, un temperamento brillante y un asombroso arte de personificación. Tenía un talento particularmente fuerte para la mímica, lo que es fácil de apreciar en las numerosas fotografías de máscaras que conserva la hija del escritor, Svetlana Alexándrovna, que transmiten de manera inusualmente precisa y expresiva la gama de diversos estados de la psique humana: indiferencia, curiosidad, sospecha, miedo, horror, desconcierto, ternura, deleite, tristeza, etc.”.

La primera obra literaria de Alexander Romanovich,"La abuela Moira", apareció en 1914 en la revista infantil de Moscú "Protalinka".

Mientras visitaba Moscú (la que lo atraía poderosamente), Beliáev se reunió con Konstantín Serguéevich Stanislavsky e, incluso, pasó sus pruebas de actuación.

Hasta ahora lo había logrado en todo. El futuro prometía éxito en sus esfuerzos. Pero llegó para él el trágico año 1915. El joven sufrió una grave enfermedad: la tuberculosis espinal. Su esposa lo abandonó. Los médicos le recomendaron cambiar el clima, su madre y su niñera lo transportaron a Yalta. Alexandr Beliáev estuvo postrado en cama durante seis años, tres de los cuales con un corsé de yeso puesto.

¡Y qué años terribles fueron aquellos! La Revolución de Octubre, la Guerra Civil, la devastación... Beliáev sólo se salvaba leyendo mucho, especialmente literatura fantástica traducida; estudiaba tratados de medicina, biología, historia, interesado en nuevos descubrimientos y logros científicos; llegó a dominar varias lenguas extranjeras.

Sólo en 1922 su estado mejoró. Por supuesto, ayudó el amor y el cuidado de Margarita Konstantínovna Magnushevskaya, quien se convirtió en su segunda esposa. Se casaron en diciembre de 1922 y el 22 de mayo de 1923 registraron su matrimonio en la oficina de registro. Después del matrimonio, recordaba Beliáev, tuvo que entrar en la oficina de investigación criminal como policía subalterno. Era fotógrafo que tomaba fotografías de delincuentes, profesor que impartía cursos de derecho penal y administrativo, asesor jurídico “privado”. A pesar de todo esto, tenían que pasar hambre.

Un año después, el viejo sueño de Alexandr Románovich se hace realidad: él y su esposa se mudan a Moscú. Les ayudó una feliz casualidad: en Yalta se encontró con su antigua conocida de Smolensk, Nina Yákovlevna Filíppova, quien invitó a Beliáev a trasladarse a Moscú y le facilitó dos habitaciones en su amplio y espacioso apartamento. Después de que los Filíppov se mudaron definitivamente a Leningrado (San Petersburgo), los Beliáev tuvieron que abandonar su apartamento y pasar a vivir en condiciones precarias, en un semisótano húmedo en el centro histórico de la ciudad. El 15 de marzo de 1924, en la familia Beliáev nació una hija, Liudmila.

Durante estos años, Alexandr Románovich trabajaba en la Comisaría del Pueblo de Correos y Telégrafos como planificador y, después de un tiempo, como asesor jurídico en la Comisaría del Pueblo de Educación. Y por las tardes se dedicaba a escribir.


La cabeza del profesor Dowell

1925 Beliáev tenía 41 años. Por aquel entonces se publicó en una revista su relato "La cabeza del profesor Dowell". Más tarde escribiría una novela bajo el mismo título, pero por lo pronto era un relato, su primer intento de crear ciencia ficción. Y el comienzo de una vida nueva para él. En el ensayo "Acerca de mis obras", Beliáev diría más tarde: "Puedo decir que la obra "La cabeza del profesor Dowell" es en gran medida... autobiográfica. Una vez la enfermedad me condenó a tres años y medio en una cama de yeso. Este período de enfermedad estuvo acompañado de parálisis de la mitad inferior del cuerpo. Y aunque tenía control sobre mis manos, mi vida durante estos años se redujo a la vida de una “cabeza sin cuerpo”, que no sentía en absoluto: una anestesia completa. Fue entonces cuando experimenté todo lo que puede sentir una “cabeza sin cuerpo”.

Así comenzó la actividad literaria profesional de Beliáev. Colaboraría con varias revistas de interés general, como: “La vuelta al mundo”, “El conocimiento es poder”, “La lucha de los mundos”; publicaría nuevas obras de ciencia ficción: “La isla de los barcos perdidos”, “El amo del mundo”, “El último hombre de Atlantis”, que firmaba no sólo con su nombre y apellido, sino también con seudónimos: A. Rom y Arbel.


Ariel

Margarita Konstantínovna pasaba incansablemente sus nuevos trabajos en una vieja máquina de escribir Remington. La vida de los Beliáev iba mejorando. Compraron un piano. Por las noches ponían música, visitaban teatros y museos. Hicieron nuevas amistades.

El año 1928 se volvió significativo para Beliáev: se publicó la novela "El hombre anfibio". Los capítulos del nuevo trabajo fueron publicados en la revista “La Vuelta al Mundo”. ¡El éxito fue extraordinario! Los números de la revista se agotaron instantáneamente. Baste decir que su tirada aumentó de 200.000 a 250.000 ejemplares. En el mismo año 1928, la novela se publicó dos veces como libro impreso y un año después apareció una tercera edición. La popularidad de la novela superó todas las expectativas. La crítica explicó el secreto de su éxito con que se trataba de “una novela universal que combinaba ciencia ficción, aventuras, temas sociales y melodrama”. El libro fue traducido y publicado en muchos idiomas. ¡Beliáev se hizo famoso! (Rodada en 1961, mucho después de la muerte del escritor, la película del mismo nombre también fue un éxito sorprendente. La vieron 65,5 millones de espectadores, ¡un récord en ese momento!).




El hombre anfibio, el libro y la película

En diciembre de 1928, los Beliáev abandonaron Moscú y se trasladaron a Leningrado. Alexandr Románovich escribía mucho y con entusiasmo. Su ficción no era descabellada, sino que tenía una base científica. El escritor seguía las novedades de la ciencia y la tecnología. Su conocimiento, enciclopédicamente diverso, le permitía navegar fácilmente en nuevas direcciones.

Parecería que la vida se había compuesto. Pero... Beliáev se enfermó de neumonía. Los médicos le aconsejaron cambiar el clima, y la familia se mudó a Kiev, donde vivía su amigo de la infancia Nikolái Pávlovich Vygotsky. Kiev tiene un clima favorable, la vida es más barata, pero... ¡las editoriales sólo aceptan manuscritos en ucraniano! El escritor se vio obligado a mudarse nuevamente a Moscú.

Aquí la familia vivió una desgracia: el 19 de marzo, su hija Liudmila murió de meningitis y a Alexandr Románovich experimentó recurrencia de la tuberculosis espinal. De nuevo queda postrado en cama. Y como respuesta a la inmovilidad forzada, iba creciendo su interés por los problemas de la exploración espacial. Alexandr Románovich estudiaba las obras de Tsiolkovsky, y la imaginación del escritor de ciencia ficción imaginaba vuelos a la Luna, viajes interplanetarios y el descubrimiento de nuevos mundos. "Nave espacial" está dedicado a este tema. Después de leerlo, Konstantín Eduárdovich Tsiolkovsky señaló en su reseña: “La historia... tiene bastante ingenio y es lo suficientemente científica como para ser un producto de la imaginación”. Beliáev también le envió el relato "El salto a la nada", sobre un viaje a Venus, y el científico escribió para él un preámbulo. Su correspondencia continuó hasta la muerte de Tsiolkovsky. El escritor dedicó su novela "La estrella Ketz" (1936) a la memoria de Konstantín Eduárdovich.


En octubre de 1931, los Beliáev se trastearon nuevamente a Leningrado, donde vivieron hasta 1938. En los últimos años, el escritor estuvo enfermo y casi nunca se levantaba de la cama. Y en el verano de 1938 cambiaron su vivienda en Leningrado por un apartamento espacioso en la ciudad de Pushkin.

Alexandr Románovich casi nunca salía de casa. No obstante, muchos escritores, lectores y admiradores acudían a él, cada semana se celebraban en su casa las reuniones de escolares, un club de teatro.

Aquí lo sorprendió la II Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria. Beliáev murió en la ciudad tomada por los nazis alemanes el 6 de enero de 1942. En el cementerio de Pushkin, encima de su tumba se yergue un obelisco blanco con la inscripción "Beliáev Alexandr Románovich"; debajo hay un libro abierto con una pluma de ganso. En las páginas del libro está escrito: “Escritor de ciencia ficción”.


La isla de los barcos perdidos


El amo del mundo

Beliáev creó 17 novelas, decenas de cuentos y una gran cantidad de ensayos. ¡Y todo eso sólo durante 16 años de labor literaria! Sus fascinantes obras están colmadas de fe en las posibilidades ilimitadas de la mente humana y fe en la justicia.

Reflexionando sobre las tareas de un escritor de ciencia ficción, Alexandr Románovich escribió: “Un escritor que trabaja en el campo de la ciencia ficción debe tener una formación tan científica que no sólo le permita comprender en qué están trabajando los científicos, sino también prever las consecuencias de su trabajo y las posibilidades que a veces ni siquiera los científicos puedan ver con claridad”, una definición perfectamente aplicable a él mismo.

Se cree, y no sin razón, que Alexandr Románovich Beliáev tuvo tres vidas: una, desde su nacimiento hasta la publicación del cuento "La cabeza del profesor Dowell", la segunda, desde esta primera historia hasta el día de la muerte del escritor, y el tercero es la vida más larga que continúa en sus libros.

El hombre anfibio, Alexandr Beliáev, Poklonka Editores 2016





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