Lo que lengua mortal decir no pudo

Actualizado: sep 26


¿Cuáles son las palabras “intraducibles” del ruso a otros idiomas?

Vladímir Nabókov fue uno de los pocos escritores rusos quien creó sus obras en los dos idiomas, ruso e inglés. A pesar de que muchos de ellos, prácticamente todos, dominaban idiomas extranjeros, incluso Turguénev, a pesar de haber vivido sus últimos veinte años en Francia, escribió sólo en ruso. Sin embargo, Nabókov, el famoso escritor emigrante trilingüe y cultor de la autotraducción, dominando a la perfección los tres idiomas, reconocía que hay en ruso dos palabras que es prácticamente imposible traducir a otros idiomas. De eso habló en varias ocasiones, mientras enseñaba Literatura Rusa en Wellesley College, y en particular, en sus conferencias dedicadas a Lev Tolstói. Como recordaban sus estudiantes, siempre las pronunciaba exclusivamente en ruso. Son: “pravda” e “ístina”, ambas equivalen a “verdad” en español. La explicación puede ser esta:

“La ístina rusa no es un acompañante muy ameno, no es una “verdad” cotidiana sino la Ístina con mayúscula, la inmortal, la cual es el alma misma de cuanto es verdadero. Si se logra encontrarla, confiere a la imaginación del creador brillo y majestuosidad… Ningún escritor supo conjugar la ístina creativa y las imágenes de los personajes como lo hizo Tolstói en “Guerra y paz”. Tolstói es invisible en este libro, semejante a Dios –es omnipresente y, al mismo tiempo, no está en ninguna parte”.

Es curioso cómo respondió una vez Nabókov a una pregunta capciosa: ¿cuál es la diferencia entre los idiomas ruso e inglés? Dijo el maestro que el inglés es un idioma ideal para formular toda clase de conceptos y términos científicos, mientras que el fuerte del ruso es su capacidad para expresar los más sutiles matices de las emociones.


Otra palabra que, según señalan algunos internautas y entre ellos traductores, se resiste a ser traducida a otros idiomas es “sóvest”. Es cierto, en los mismos casos se usa “conciencia”: conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia y conocimiento responsable y personal de una cosa determinada, como un deber o una situación, algo que se hace sentir cuando una persona infringe su propio código moral, un conjunto de normas y valores, y post factum lo reconoce; supongamos que monta en cólera, se da cuenta de que no tiene razón y promete no volver a cometer la falta. Esta penosa concientización de su error, autodiagnosticado por cierto, trae emociones negativas: sentimiento de culpa, estrés.

Conciencia: proceso cognitivo o psíquico que produce emociones y asociaciones racionales, basadas en las reflexiones morales y el sistema de valores morales de la persona, quien experimenta “cargo de conciencia” y arrepentimiento cuando actúa en contradicción con ellos.

Ahora veamos qué dice el diccionario de lengua rusa de Vladímir Dal.

Sóvest: conciencia o sensibilidad moral; reconocimiento interior del bien y del mal; escondrijo del alma en que cada acción provoca aprobación o rechazo, capacidad de evaluar cada una de ellas; sentimiento que incita a abrazar la bondad y a repeler mentiras y maldad; amor involuntario e innato hacia la verdad (¡ístina!) a distinto nivel de su desarrollo.

Parece una definición un tanto diferente.

Es el momento para recordar un personaje de literatura infantil, el Nosabenada, quien vive en la ciudad del Sol y de pura rabia convierte a Chiquilín en burro. Está sinceramente convencido de que se portó correctamente y no hizo nada fuera de lo común, pero esta voz interior… Muy pegajosa esta voz de “sovest” (¿de la conciencia?), que se hace oír sólo de noche porque de día hay mucho ruido. Cuántas ganas tiene para acallarla, y nada. Y no deja dormir.

Es fácil acomodar los valores morales propios, es fácil racionalizarlos para sentirse en armonía consigo mismo. Nada personal, es cuestión de negocios. Pero ¿qué hacer con esta sensibilidad irracional para discernir entre el bien y el mal? Es algo que nace con uno. Quien la tiene vive atormentado toda la vida, y no le ayudará ningún abogado.

En la literatura universal la lucha se desarrolla por un resultado. El personaje shakesperiano se arrepiente en el lecho de la muerte al entender que ha fracasado. Mas en la literatura rusa todo es sufrimiento: ¿para qué maté a la viejita usurera? Está mal, y con un hacha… Difícil de entender, imposible de traducir.

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