CULTURA ESLAVA. Noche de Iván Kupala

Actualizado: jul 9


Hoy hace 55 años comenzó en las salas de cine de Moscú la proyección de Andréi Rubliov, la monumental película de Andréi Tarkovski sobre el antiguo pintor de iconos ruso, cuya Trinidad es mundialmente conocida y miles de veces reproducida en todas partes. En ella, un episodio misterioso nos muestra una celebración pagana en el bosque, con antorchas, canciones y cuerpos desnudos, y el protagonista, siendo monje y devoto cristiano, se escandaliza ante el jolgorio “diabólico” de la gente. La pregunta es qué festín es este.


Es el Día de Iván Kupala (también llamado Día de Iván, Ivánschina o simplemente Kupala), una fiesta popular de los eslavos del este, que aún se celebra en Bielorrusia, Rusia y Ucrania la noche del 6 al 7 de julio según el calendario gregoriano, que corresponde al 24 de junio del calendario juliano que hasta el día de hoy sigue la iglesia ortodoxa. Siendo inicialmente un rito pagano, dedicado al solsticio de verano y al florecimiento de la naturaleza, coincide con la fiesta cristiana de la Natividad de San Juan el Bautista, de ahí el nombre de origen medio cristiano medio popular, porque el término “kupala” significa “el que baña o sumerge en el agua”, que es la tradición de bautizar personas de esta misma manera: mediante la ablución, o purificación, y en tiempos remotos, en cuencas a cielo abierto.


La víspera de la fiesta está llena de ceremonias relacionadas con el agua, el fuego y las hierbas. Se considera obligatorio echarse un baño antes de la puesta del sol y prender fogatas en elevaciones o a orillas de ríos. En algunos lugares, hasta ahora el fuego se obtiene de forma arcaica: por fricción con madera, porque así es considerado "fuego vivo", pero el centro de la celebración han sido y siguen siendo los bailes, canciones y rondas alrededor de las fogatas hechas como altas pirámides en que se arrojan cosas viejas y desgastadas; con postes en el centro y ruedas montadas encima de ellos, con barriles de alquitrán y cráneos de caballo o vaca. Les prenden fuego para, acabado el festín, llevar los postes como enormes antorchas y dejar rodar las ruedas cuesta abajo, lo que está claramente relacionado con el simbolismo del solsticio.




A juicio de algunos especialistas, el poste con una rueda encima es la imagen universal del árbol de la vida.

En la antigüedad, las mujeres jóvenes del campo saltaban por encima de las fogatas “purificadoras” que las protegían de enfermedades y conjuros malignos, y las que se negaban a hacerlo caían bajo la sospecha de ser brujas, por ello las rociaban con agua y azotaban con ortigas.

Ahora los jóvenes, hombres y mujeres, prefieren escoger a sus “prometidas y prometidos”: se hacen los simbólicos rituales matrimoniales, con saltos por encima de las fogatas juntos y tomados de la mano -si no sueltan las manos, seguro que se casarán-; con intercambios de coronas de flores, búsqueda de la flor del helecho y baños en el rocío matinal.




No podría faltar el baño colectivo. Según las creencias populares, a partir del día de Iván Kupala, los espíritus malignos abandonan los ríos, por lo tanto bañarse en ellos no conlleva ningún peligro, y el agua, además, adquiere propiedades mágicas y vivificantes. Eso sí, todos esos trasgos, duendes, genios de las aguas y sirenas salen a la superficie y hacen travesuras, por eso los jóvenes se arman con tizones sacados de las fogatas de Kupala y corren agitándolos encima de la cabeza para tirarlos al campo y proteger la cosecha del mal.

Este día se supone que el agua se concilia con el fuego, y las fogatas a lo largo de los ríos simbolizan esta conciliación. Igualmente, se adivina el futuro dejando flotar las coronas de flores en sus aguas: la que flota traerá prosperidad, una vida larga o un matrimonio feliz.

Las coronas se tejen con hierbas y flores de jardín y silvestres antes de la festividad: con bígaro, albahaca, geranio, helecho, rosa, mora, ramas de roble y abedul. Se cree que cada una de estas plantas agrega unas propiedades especiales.





En el cancionero multigénero del ciclo Kupala predominan los temas amorosos y familiares; coros humorísticos de peleas entre chicos y chicas, juegos y baladas que se distinguen por los tipos específicos de melodías y su relación con la célebre fecha. En otras ocasiones no las tocan ni cantan, no es la costumbre.

El poeta ruso Serguéi Yesenin dedicó a esta festividad el poema “Las luces arden al otro lado del río”, escrito con un estribillo repetido al estilo de canciones populares rusas.


Una de las numerosas costumbres del pasado era la preparación de la comida tradicional de la ocasión. Es que en las mismas fechas se recoge la primera cosecha de frutos del bosque: toda clase de bayas, cerezas o guindas; tiempo atrás, se preparaba la “papilla sagrada”: las jóvenes se reunían a conversar y triturar centeno en el mortero, acompañando este trabajo con canciones y risas. De día se la ofrecían a mendigos y por la noche la consumían ellas mismas, después de adobarla con abundante mantequilla.

Hoy en día, cada pueblo eslavo tiene sus propios platos y bebidas tradicionales: de sémola, requesón y queso, semillas de linaza molidas, cebolla, ajo y huevos fritos en aceite de tocino. Y de bebidas, el vodka, vino verde y cerveza de trigo.


Un rasgo característico de la fiesta de Ivan Kupala son las numerosas costumbres y leyendas asociadas con la flora. Las plantas se usaban como un amuleto universal: se creía que protegían contra enfermedades y epidemias, del mal de ojo, hechiceros y brujas, espíritus malignos y muertos “andantes”, de rayos naturales, huracanes, incendios, serpientes y animales depredadores, plagas de insectos y gusanos. Junto con esto, el contacto con hierbas frescas también se interpretaba como un medio mágico para garantizar la fertilidad y la cría exitosa de ganado, aves de corral y la productividad de cereales y cultivos de huerta.

Se creía que este día era el más indicado para recolectar hierbas medicinales, porque las plantas reciben una gran fuerza del Sol y de la Tierra. Algunas hierbas se recolectaban por la noche; otras, por la tarde antes de la hora del almuerzo y algunas, por el rocío de la mañana. Al recolectar hierbas medicinales, se leía una oración especial, la de conjuro, y se preparaban con ellas las infusiones curativas.

Muchas de estas leyendas se asocian con la flor de Ivan da Maria y el helecho. Los eslavos tenían la creencia de que este último florece solo una vez al año, en la noche de Ivan Kupala. Una flor mítica, que no existe en la naturaleza, le trae a quien la arrancó y la guardó, maravillosas oportunidades. Su dueño se vuelve perspicaz o invisible; puede dominar la tierra y el agua, cobrar cualquier apariencia y entender el lenguaje de los animales; ver todos los tesoros escondidos, sin importar cuán profundo estén enterrados en el suelo, y acceder a ellos sin obstáculos, uniendo la flor a la cerraduras del cofre.



Recomendamos a nuestros seguidores leer “La noche en la víspera de Ivan Kupala” (de la serie “Tardes en una granja cerca de Dikanka”) de Nikolái Gógol, que narra una triste historia de Petró y Pidorka, cuyo destino fue truncado por un tal Basavriuk, o el diablo en persona. Más adelante encontrarán las ilustraciones de esta obra.




En cuanto a la flor de Iván de Maria, las canciones de Kupala asocian su origen con unos gemelos, un hermano y una hermana, que entablaron relaciones amorosas prohibidas y por eso se convirtieron en esta flor. La historia del incesto de los gemelos encuentra numerosos paralelos en las mitologías indoeuropeas.


Existe una creencia popular según la cual, el día de Iván Kupala, al amanecer, el sol se vuelve tornasolado, salta, parpadea, se detiene, etc. La mayoría de las veces se dice de este fenómeno que el sol juega o salta; también se baña, baila, pasea, tiembla, se divierte, gira, hace reverencias, cambia, florece y hasta se pavonea.


Han caído en el olvido muchas de estas costumbres, por lo tanto, hablando de ellas, debería usarse el tiempo pretérito. Aunque no todas: miren estas fotos, se han tomado recientemente (y todas están en yandex.ru). Juzguen ustedes mismos qué tanto se ha conservado hasta el día de hoy y qué tanto se ha perdido.



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