RESEÑAS DE NUESTROS LIBROS.DEBEMOS MIENTRAS ESTEMOS VIVOS...DE: ELENA VASÍLIEVA“EL PROTAGONISTA” DE ASYA VOLÓDINA
- POKLONKA

- 30 abr
- 4 Min. de lectura

No sé qué sentirán los lectores cuando se pongan a leer “El protagonista” de Asya Volódina, pues estoy escribiendo sobre esta novela desde un punto en la oscuridad. Me siento como aquel protagonista, el personaje principal pero mudo e invisible. Un personaje por quien todos deciden algo y cuyas acciones tratan de interpretar, mientras que él -Nikita de la novela- con toda seguridad ya no puede hacer nada. Porque está muerto.
Mientras que nosotros, como estamos vivos, debemos hacerlo.
Cuando el protagonista Nikita, estudiante de una prestigiosa universidad, aún estaba vivo, también se lo debía algo a alguien. Vivía sometido a las convenciones sociales y a las expectativas de otras personas. No sabremos qué fue lo que lo destruyó finalmente. Aparentemente, estuvo cumpliendo un deber que no era para él, por eso su vida terminó trágicamente.
“El protagonista” es la segunda novela de la joven escritora Asya Volódina, finalista del premio “Liceo”. Salió a la luz casi al tiempo con la primera, “Parte de un cuadro” (editorial Stroki/Renglones). No se sabe si estas circunstancias pueden ser favorables o no; sobre todo ahora, a mediados de octubre -no desearía a ningún libro que fuera publicado con semejante telón de fondo. Sin embargo, las historias de los personajes de las dos obras son como para ser leídas en tiempos difíciles. En la primera de ellas, la que da batalla a los organismos de seguridad y el sistema escolar es una profesora colegial común y corriente. En la segunda, nueve personajes con máscaras teatrales intentan cambiar la realidad con sus extrañas coincidencias, confidencias y omisiones. Sus acciones se reúnen en tres “agones”, una especie de debates verbales, partes del contenido cuyos títulos son: Soportar, Servir y Amar. Donde el amor también es muy complicado.
Tras las máscaras se esconden los que tienen estrategias vitales que encajan en el significado de estos verbos. Son los que la vida había puesto en el camino del protagonista Nikita. Podían haber sido prácticamente lo que fuera, porque, como revela la novela, el grado de cercanía a una persona no siempre asegura la comprensión entre ellos. Estas máscaras representan la alegoría de las que nos ponemos cada día para exponerlas a los demás. También nos remiten directamente al lapso en que se desarrolla la narración: el año de la pandemia. Además, junto con los epígrafes para cada capítulo, nos envían a las tragedias griegas, y es este enlace con las tragedias nos da la respuesta del porqué pone fin a su vida Nikita: fue su destino, el sino, una fatalidad. Aunque no todos los personajes estuvieron de acuerdo con ello.
“Cristina me dijo una vez que las líneas en la mano izquierda es lo que nos ha tocado en la vida, mientras que las líneas en la mano derecha es lo que nosotros hacemos con la vida. Obviamente, no creo en nada de eso, pero incluso suponiendo que sea verdad, significa que puedes ser más que lo que te ha tocado. Puedes ser diferente. No existe el destino. No existen las cosas predeterminadas. No existe nada de eso. Me gusta esa idea”.
Caen las máscaras y descubrimos a los tipos de personas que nos rodean. La primera en la lista, "pálida, con cabellos desordenados", es la profesora universitaria Irina Mijáilovna, una mujer tímida que siempre se rige por las normas. Ante acusaciones injustas, las acepta con resignación, pero en el último momento da un paso decisivo: asiste al funeral de su estudiante, y así obtiene el perdón. La segunda máscara, "la doncella trasquilada", es la estudiante de la Academia Zhenia, a quien han obligado toda su vida a ser "más rápida, más alta, más fuerte". Finalmente, se quebranta, pero, en cambio, encuentra su propio final feliz.
“Zhenia pensó que Irina Mijáilovna se enojaría, pero ella simplemente negó con la cabeza.
—¿Estás segura de que es lo correcto?
Zhenia explotó:
—¡Estoy cansada, cansada, cansada! ¡Llevo tanto tiempo cansada! Irina Mijáilovna, usted no se imagina…
—Me lo imagino”.
He aquí otra máscara, del “menos pálido -es de Aliosha-, cuya “palidez se explica por su afección, a veces amorosa”. La lleva un joven que procura superar una grave enfermedad mental; “ser como todos” para él es un desafío imposible. O bien la mujer de mediana edad “de cuero” que tiene a sus espaldas los turbulentos enfrentamientos entre pandillas de los años 90 y dramáticas situaciones de toda la vida, lo cual dificulta incluso que se comunique normalmente con su hijo, Nikita, y su hija, Nika. Cada día para ella es la continua superación de adversidades y desamor.
Detrás de los monólogos de estas máscaras se esconden no solo los destinos de las personas, sino también sus sentimientos de culpa: cada uno cree estar involucrado en la muerte de Nikita, y a lo mejor, ser su verdadera causa. Nikita dejó una nota de suicidio que horroriza a todos, pero que no explica mucho, y “El protagonista" revela el grado de egocentrismo de cada uno de nosotros: incluso al pensar en la muerte de nuestro prójimo, en realidad solo pensamos en nosotros mismos, en nuestro papel en su vida, y solo en nosotros mismos.
Y casi todas las máscaras de la novela se mantienen firmes en sus opiniones, del haber hecho lo que creían correcto. ¿Y saben qué? La vida de cada uno de ellos continúa, a pesar de sus diferencias y desacuerdos. A juzgar por el final del libro, continúa bastante bien. Porque han elegido actuar mientras estén vivos.



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